900 230 001 MAC Directo
info@mac-mutua.org
Calendario Laboral
Formularios
Preguntas frecuentes
900 230 001 MAC Directo

MAC entrega los premios de microrrelatos sobre PRL y de relatos cortos sobre hábitos saludables

Santa Cruz de Tenerife. (29 de mayo de 2026).- Hoy, la sede central de la Mutua de Accidentes de Canarias (MAC) ha sido escenario de la entrega del VIII Premio de microrrelatos sobre prevención de riesgos laborales a Benjamín Bencomo Luis. Victoria Padilla, consejera delegada de TITSA, entidad que patrocina el galardón, fue la encargada de entregar el premio (una tablet) junto al director gerente de MAC, Javier González Ortiz. El microrrelato ganador lleva por título “Seguros”.

Asimismo, también se ha entregado hoy el premio de relatos cortos sobre hábitos saludables, una iniciativa que ya cuenta con nueve años de historia y que en esta ocasión recayó en Adrián Cerdá Coll, de 13 años. Adrián recogió el premio, también una tablet, junto a su madre y hermano. Al igual que ocurre con el concurso de microrrelatos, la empresa insular de transportes de Tenerife, TITSA, auspicia esta iniciativa.

Microrrelato ganador:

Seguros

Ella se quitaba los guantes despacio, como si al hacerlo dejara atrás la piel del día. El látex aún guardaba el pulso de otros cuerpos, la cercanía permitida y el rastro de una jornada cargada de cuidados.

Él, al salir del laboratorio, se bajaba la mascarilla solo cuando era seguro. El filtro retenía aromas metálicos. No eran una barrera fría, sino un límite elegido, una forma de decirse a sí mismo que volvería a casa entero.

El riesgo siempre es silencioso, casi intimo, como una sombra infiel.

Al llegar a casa coincidían en un silencio compartido. Él se acercaba primero, inhalando el olor de sus manos ahora limpias. Ella rozaba con los labios su cuello, ahora libre de ataduras.

Se tocaban despacio, con respeto, como si aún llevaran guantes y mascarilla invisibles. Habían elegido cuidarse entre ellos, tocarse sin daño, olerse vivos y elegirse enteros al final del día.

Relato corto ganador

La carrera que cambió su vida 

Lucas siempre estaba cansado, comía mal y evitaba hacer deporte. En Educación Física era el último en todo y se sentía frustrado. Allí se sentía triste, avergonzado y solo, y sus compañeros no paraban de reírse de él. Un día casi se rindió, pero una compañera de clase llamada Sara le propuso una idea: apuntarse a una carrera solidaria que se celebraba en el instituto. Él aceptó y entonces empezó a entrenar. Sin embargo, el segundo día de entrenamiento fue peor que el primero. Sus piernas parecían de piedra y su respiración sonaba como si hubiera corrido un maratón.

Poco a poco, empezó a mejorar. Por las tardes, después de clase, salía a correr. Al principio le costaba mucho, pero, al cabo de unos días, se sentía con más energía y más feliz que nunca. Empezó a comer mejor, dejó de tomar refrescos y comenzó a beber solo agua. El día de la carrera, Lucas estaba muy nervioso, pero Sara lo tranquilizó diciéndole una frase: «Tranquilo, Lucas. No importa ganar; lo importante es llegar hasta el final». Ya estaba preparado para esforzarse al máximo. Mientras corría, pensaba en si lograría terminar la carrera.

Cuando terminó, su compañera Sara y su profesor de Educación Física lo estaban esperando en la meta para animarle. —No tienes que ser el más rápido —le dijo el profesor—. Solo tienes que ser mejor que ayer.

Aunque no ganó la carrera, la terminó, que era lo que él quería. Se dio cuenta de que lo importante no era ganar, sino descubrir que cuidar su cuerpo podía cambiar su vida. Aquel día entendió que la meta no estaba en la pista, sino en la vida que empezaba a construir. A partir de ahí, comenzó a apuntarse a todas las carreras y competiciones que podía. Empezó a gustarle Sara, por lo que la invitó a participar con él en las competiciones.

Un día, en una de ellas, le contó que, de pequeño, cuando tenía ocho años, jugaba mucho al fútbol, pero lo había dejado cuando su padre y su madre le compraron un móvil y videojuegos a los diez años. Ahí fue cuando lo abandonó por completo. A su padre y su madre no les importaba demasiado lo que hacía Lucas y, poco a poco, dejó de moverse. Ya no salía tanto de casa; solo salía para ir a clase y nada más.

Unos meses después, se apuntó a un maratón: iba a correr 25 kilómetros con Sara, el profesor de Educación Física y algunos amigos más del profesor. Cuando llegó a la meta, se dio cuenta de que era el primero. Sara y el profesor estaban todavía por la mitad del recorrido. Le dieron una medalla, un diploma y una copa por ser el más rápido y el más joven, con solo 13 años, en participar en un maratón de 25 kilómetros.

Al día siguiente tenía clase, era lunes y el profesor de Educación Física organizó una carrera solidaria en el instituto para que todos pudieran apuntarse. Además, todo el dinero recaudado sería para él, aunque Lucas no lo sabía. El dinero era para que pudiera inscribirse en futuras carreras. Al día siguiente, cuando llegó a clase de Educación Física, el profesor se lo contó. Se emocionó tanto que empezó a correr como un loco; en menos de cinco minutos ya había dado unas 125 vueltas de lo contento que estaba.

Esa tarde, Lucas empezó a reflexionar sobre todo lo que había pasado y pensó: «Nunca había pensado que una simple carrera pudiera cambiar tanto mi vida. Antes de empezar a correr, era una persona muy diferente. Siempre estaba cansado, sin ganas de hacer nada y pensaba que el deporte no era para mí. En las clases de Educación Física me sentía mal porque siempre quedaba el último. A veces pensaba que nunca sería bueno en nada relacionado con el deporte.

Pero todo empezó a cambiar el día que Sara me animó a participar en la carrera solidaria del instituto. Al principio, pensé que no sería capaz de terminarla. Los primeros entrenamientos fueron muy duros y muchas veces quise rendirme. Me dolían las piernas y me costaba respirar. Sentía que mi cuerpo no estaba preparado para correr. Sin embargo, cada día que salía a entrenar aprendía algo nuevo. Aprendí que mejorar no ocurría de un día para otro. Aprendí que los pequeños esfuerzos de cada día se iban acumulando. Aprendí que el cansancio no significaba que debía rendirme; a veces solo significaba que estaba intentando superarme.

Sara y mi profesor me enseñaron algo muy importante: no se trataba de ser el mejor ni de ganar siempre. Lo importante era intentarlo y no rendirme. Cada paso que daba en la pista era una victoria para mí. Cuando crucé la meta por primera vez, entendí algo que nunca había pensado antes: la verdadera meta no era ganar la carrera, sino demostrarme a mí mismo que sí podía hacerlo.

Correr cambió muchas cosas en mi vida. Empecé a cuidarme más y a comer mejor. También me sentía con más energía y más feliz. Incluso mi forma de pensar empezó a cambiar. Ahora sé que todos podemos mejorar si nos esforzamos. No importa cómo empieces; lo importante es no dejar de intentarlo. Cada día es una nueva oportunidad para ser mejor que ayer. El deporte ya no es algo que me dé miedo. Se ha convertido en una parte importante de mi vida. Correr me enseñó disciplina, esfuerzo y confianza en mí mismo.

Mirando atrás, me doy cuenta de algo muy importante: si Sara no me hubiera animado aquel día, tal vez nada de esto habría pasado. Por eso, entendí que una simple decisión puede cambiarlo todo y que, a veces, solo es necesario dar el primer paso para empezar a cambiar nuestra vida».

Al final, Lucas comprendió que, a veces, la verdadera meta era simplemente no rendirse nunca y avanzar siempre.

Adrián Cerdá Coll (13 años)

Si te ha parecido interesante, ¡compártelo!

Volver arriba
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.